sábado, 6 de marzo de 2010

Adoro...

Adoro el sutil movimiento de sus manos,
de su roce, de su respiración,
de su fuego que sin tocar quema,
quema tanto que me vuelvo ceniza en su presencia,
en su ausencia, y en su omnipresencia.


Adoro el aroma de su cuerpo,
de sus besos y de su deceo,
ese deceo de volvernos uno y fundirnos
al contacto de nuestros labios, de nuestros cuerpos,
de nuestra alma.


Adoro el momento en que me miras,
en el que no me sueltas con tus pupilas de miel,
con tu voz de terciopelo y tu respitacion de caramelo.

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